Amor y misticismo cósmico bajo el agua



«La Tierra siempre acaba encontrando la forma de defenderse.»

Isabel de Navasqüés y de Urquijo (Madrid, 1978) es licenciada en Periodismo y en Comunicación Audiovisual. Escritora desde la infancia, tras más de diez años trabajando en distintas ramas de la comunicación y las artes, se lanza finalmente a la publicación de su primera novela bajo el sello de autopublicación Caligrama.
Esta lectura llegó a mí gracias a Edición Anticipada.

Sinopsis

La profecía de Gaia es la primera entrega de la serie Las fabulosas aventuras de Kiso Maravillas, una novela de literatura fantástica dirigida a lectores jóvenes a partir de los once años. La autora crea un universo propio poblado por seres legendarios y nuevas razas surgidas de una mitología original, nacida de una imaginación desbordante.

La historia propone un viaje a través de tiempos y mundos desconocidos, donde el lector acompaña a Kiso Maravillas —aunque de forma indirecta— en una odisea de descubrimiento personal, marcada por la lucha entre la luz y la oscuridad, el crecimiento interior y la conexión con la naturaleza.

Opinión

Voy a empezar destacando la valentía de la autora al abordar temas tan complejos como la defensa del medio ambiente e introducir, además, ideas filosóficas y religiosas en una novela juvenil. Sin embargo, siendo honesta tanto conmigo misma como con los lectores de este blog, debo decir que el resultado no terminó de convencerme.

La propia sinopsis no deja del todo claro de qué trata el libro, y no es casual: nos encontramos ante una novela muy difícil de resumir. La profecía de Gaia funciona como una historia introductoria, centrada no en Kiso, sino en los acontecimientos que rodean a sus antepasados. En más de 300 páginas se nos explica el origen de un mundo inundado, la aparición de nuevas razas híbridas —como los delfines-tierra— y comunidades humanas con habilidades especiales, como los Escalofrío, capaces de conducir electricidad al contacto con el agua.

La trama mezcla cataclismos naturales, evolución forzada de las especies, dimensiones paralelas y conflictos morales, todo ello aderezado con una fuerte carga simbólica y espiritual. A lo largo del libro se incorporan referencias constantes al budismo, el hinduismo, el uso de términos en sánscrito, el vegetarianismo, la reencarnación, las energías, las resonancias, los viajes astrales y el poder místico de la naturaleza.

Aunque la novela está catalogada como apta para lectores a partir de once años, dudo sinceramente que un lector tan joven pueda comprender muchas de estas referencias, o procesar el mensaje que subyace bajo ellas. La humanidad es presentada de forma casi unánime como corrupta y destructiva, mientras que los animales encarnan el bien absoluto, incluso cuando cometen actos violentos “por un bien mayor”. Esta visión maniquea —blanco o negro, bueno o malo— me resultó confusa y, en ocasiones, contradictoria.

A nivel técnico, la novela está bien escrita: la narración es fluida, el manejo del tiempo es correcto y hay una notable variedad de personajes. Sin embargo, muchos de ellos tienen nombres excesivamente simbólicos, que acaban resultando redundantes o poco naturales. Además, hay escenas que no aportan realmente a la trama y un uso constante del misticismo que desplaza la historia de la fantasía hacia un discurso casi doctrinal.

Otro aspecto que me generó conflicto fue la representación de los personajes: las figuras femeninas son quienes resuelven los problemas —algo positivo en sí mismo—, pero los personajes masculinos quedan relegados o directamente silenciados en momentos clave. El amor, por su parte, se presenta como una conexión mística instantánea entre almas, ya sean humanas o animales. Todo ello se combina con referencias explícitas al sexo y al uso de sustancias psicotrópicas para “abrir el ojo interior”, algo que considero poco adecuado para el público al que supuestamente va dirigido.

La intención de la autora es buena: visibilizar problemas reales como la crisis medioambiental, la violencia o la desigualdad. Sin embargo, el uso constante del misticismo como solución universal me hizo sentir, como lectora, continuamente aleccionada. Al no compartir estas creencias, me resultó difícil disfrutar de la historia, y creo que lectores con otras convicciones religiosas podrían sentirse igualmente cuestionados.

Lo que sí me gustó

La novela está bien escrita y trata temas actuales e importantes.

Lo que está bien

La variedad de personajes y la ambición del universo creado.

Lo que no me gustó

El uso de la religión y el misticismo como respuesta a problemas reales y complejos, especialmente en una obra dirigida a jóvenes.

Mi valoración:
🐱 1 de 5 Gatos












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